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sábado, agosto 15, 2026

Santo Domingo Este, un sepulcro blanqueado.

Por Jacobo Colon.

En Santo Domingo Este, la percepción de una ciudad impecable y bien gestionada parece haberse instalado en la mente de algunos incautos, gracias a la habilidad del alcalde Dio Astacio, un mercadólogo que domina el arte de transformar la narrativa a su favor.

Como si de un espejismo se tratara, la ciudad se ve medianamente limpia en ciertos puntos estratégicos, mientras que en la mayoría de sus barrios la realidad es un retrato de abandono, basura acumulada y promesas incumplidas.

Hace unos días, en un programa de televisión, un comunicador elogiaba con entusiasmo el “trabajo de Dio Astacio”, asegurando que el municipio está “como una tacita de café”.

Cuando comencé a enviarle imágenes y videos de la realidad de nuestros sectores cambió de opinión al darse cuenta de lo equivocado que estaba por lo que veía en 5 Avenidas principales.

Esta afirmación del periodista no era más que un reflejo de la burbuja en la que viven algunos residentes de zonas privilegiadas, donde los camiones de basura pasan tres veces por semana y los contenedores lucen nuevos y en buenas condiciones.

Avenidas como Venezuela, Mella, Charles de Gaulle, España y Sabana Larga, cuidadosamente mantenidas, proyectan una imagen de orden y limpieza que seduce a los incautos.

Pero estas 5 avenidas no representan la realidad del municipio, basta con adentrarse en los barrios populares para descubrir la otra cara de la moneda.

En la Avenida Francisco Alberto Caamaño en Los Tres Brazos, San Vicente de Paúl en Los Mina, Vietnam en la José Féliu o el parque de Villa Carmen los vertederos improvisados proliferan, los contenedores desbordan repletos de basura nauseabunda y la inoperancia de la recogida de desechos es evidente.

Estos lugares, habitados por miles de familias, son el verdadero rostro de Santo Domingo Este: un municipio donde la gestión de la basura es deficiente y la contaminación se convierte en un problema de salud pública.

La estrategia de Astacio es clara; mantener las áreas visibles relucientes, mientras se descuidan los sectores menos transitados por los medios de comunicación o los visitantes al municipio.

Como los “sepulcros blanqueados” descritos en la Biblia, el municipio luce limpio por fuera, en 5 avenidas principales, pero por dentro de nuestros sectores está lleno de problemas, contenedores desbordados de lixiviados, llenos de cucarachas y ratas.

En la Biblia, específicamente en Mateo 23:27-28, la frase «sepulcros blanqueados» se utiliza para describir a los escribas y fariseos como personas hipócritas.

¨Aunque por fuera parecen justos y limpios (como los sepulcros que eran blanqueados para que no pasaran desapercibidos durante la Pascua), por dentro están llenos de corrupción, hipocresía y maldad, comparables a huesos de muertos y suciedad¨. 

Esta ilusión de una ciudad limpia se refuerza con una maquinaria publicitaria bien financiada donde millones de pesos son invertidos en anuncios, entrevistas pagadas y periodistas complacientes, muchos de ellos radicados en el Distrito Nacional, alimentando así la narrativa de una gestión exitosa que, en realidad, deja mucho que desear.

La manipulación de la percepción pública no es nueva, pero en Santo Domingo Este ha alcanzado niveles alarmantes.

Mientras los titulares pagados con el dinero del presupuesto municipal anuncian y celebran supuestos logros, los munícipes enfrentan la frustración de vivir entre la basura y el abandono.

Los ciudadanos debemos mirar más allá de las avenidas principales y exigir una gestión transparente, eficiente y equitativa.

Hasta ahora Dio Astacio no tiene nada que mostrar, con más de 3,000 millones de pesos administrados no tiene una sola obra que presentarle a los munícipes.

El dinero invertido ‘para crear la percepción de que está haciendo buena gestión se va a la basura junto a los contenedores.

Santo Domingo Este merece más que una fachada reluciente; merece una limpieza real, en todos los sentidos.

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