Por Jacobo Colon.
Durante el cuatrienio 2020-2024, la administración municipal encabezada por Manuel Jiménez, del PRM, enfrentó una crisis de recolección de residuos que el propio alcalde atribuyó a la ineficiencia de las empresas contratadas.
Según denunció en su momento, estas compañías no recogían la basura con la frecuencia pactada, alteraban los pesajes y cobraban montos que no se correspondían con el servicio prestado.
Ante esa situación, el gobierno central, bajo la presidencia de Luis Abinader (también del PRM), intervino en varias ocasiones enviando camiones estatales a Santo Domingo Este.
Cada vez que los vertederos improvisados aparecían en los medios y la basura se acumulaba en las calles, llegaba la intervención estatal.
La narrativa oficial la presentaba como una medida legítima para evitar focos de contaminación y proteger la salud de la población.
Sin embargo, el efecto colateral fue claro, y es que se construyó y se reforzó una percepción de inoperancia y mala gestión que recaía directamente sobre el alcalde Jiménez.
Hoy, bajo la administración de Dio Astacio, también del PRM, la acumulación de basura ha alcanzado niveles considerablemente superiores, el doble o más de lo que generaba intervenciones anteriores.
Los contenedores se rebosan, las bolsas de basura se acumulan en calles, aceras y cunetas, y pequeños vertederos improvisados proliferan por todo el municipio.
El hedor, la podredumbre y la suciedad son visibles y palpables.
Las escenas que se observan en varios sectores evocan, sin exageración, imágenes de países con graves problemas de saneamiento o del propio vertedero de Duquesa en su peor momento.
Pero a pesar de esta realidad evidente y más grave que la anterior, el gobierno central, incluyendo al presidente Luis Abinader, guarda un silencio absoluto.
No hay camiones estatales que acudan a paliar la emergencia, ni declaraciones de preocupación, ni llamados a la acción.
La misma crisis que antes justificaba intervenciones inmediatas ahora pasa sin respuesta, a pesar de que ambos alcaldes pertenecen al mismo partido.
Esta diferencia de trato genera una pregunta embarazosa;
¿Existió un favoritismo en sectores internos del gobierno de Luis Abinader hacia Dio Astacio?
¿Se utilizó la intervención selectiva durante la gestión de Jiménez para desgastarlo y facilitar el camino de un candidato preferido dentro del PRM?
En política, incluso dentro del mismo partido, suelen existir preferidos y calumniados.
Lo que resulta aún más llamativo es el comportamiento de gran parte de la prensa nacional.
Mientras la situación actual es visiblemente peor, los reportajes y las denuncias son escasos.
Muchos medios parecen haber optado por el silencio, favorecidos por los cuantiosos contratos publicitarios que la actual administración municipal ha colocado en sus espacios.
Sin embargo, como reza el refrán popular, “lo demasiado hasta Dios lo ve”.
La podredumbre, el hedor y la basura acumulada son tan evidentes que ni los contratos millonarios pueden ocultar indefinidamente la realidad que viven los residentes de Santo Domingo Este.
La gestión de los residuos sólidos no puede ser un instrumento de favoritismos internos.
O se interviene cuando existe un problema grave, independientemente de las preferencias partidarias internas, o se asume que la responsabilidad recae exclusivamente en la administración municipal.
Mantener dos varas de medir según quién sea el “favorito” del momento no solo es injusto: es peligroso para la salud pública y para la credibilidad de las instituciones.
La basura no tiene partido ni preferencias internas. El hedor tampoco.

