Por Jacobo Colón.
La desgracia ajena nunca debe convertirse en oportunidad política.
Algunos seguidores del alcalde de Santo Domingo Este, Dío Astacio, han intentado comparar las graves inundaciones sufridas en el Distrito Nacional y Santo Domingo Oeste con la situación en Santo Domingo Este, atribuyendo la menor afectación en el municipio al “excelente trabajo de drenaje pluvial” realizado por la actual gestión.
Los datos meteorológicos desmienten esa narrativa de manera contundente.
Durante la vaguada del miércoles 8 de abril de 2026, el gran santo domingo registró precipitaciones extremas y muy localizadas.
En el Distrito Nacional se alcanzaron acumulados de hasta 314 milímetros, e incluso reportes de 408 milímetros en algunos lugares, mientras que en Santo Domingo Oeste las cifras oscilaron entre 300 y 400 milímetros.
Estas cantidades, en pocas horas, superan con creces la capacidad de cualquier sistema de drenaje urbano y explican las imágenes dramáticas de agua hasta el cuello, vehículos arrastrados, viviendas afectadas y personas hospitalizadas que circularon ampliamente.
En cambio, en Santo Domingo Este apenas se registraron 41 milímetros de precipitación.
Es decir, aproximadamente un 12% de lo que cayó en las zonas más afectadas del Distrito Nacional.
El presidente Luis Abinader lo confirmó claramente; mientras en el Oeste y partes del DN llovieron entre 300 y 400 milímetros, en el Este apenas cayeron entre 30 y 40 milímetros.
No fue “el milagro del drenaje”, fue simplemente que no llovió con la misma intensidad.
Pretender que la ausencia de inundaciones catastróficas en Santo Domingo Este se debe al trabajo de la alcaldía, cuando la diferencia radica en la cantidad de agua recibida, es un ejercicio de manipulación que aprovecha la posible ignorancia de quienes no revisan los datos.

Si en Santo Domingo Este hubiera caído la misma cantidad de lluvia que en el DN o en Santo Domingo Oeste, la situación habría sido mucho más grave.
!Venecia nos quedaría corto!
La honradez en la gestión pública exige decir la verdad, especialmente en temas sensibles como la respuesta a emergencias climáticas.
Atribuirse méritos por un fenómeno meteorológico desigual no solo es incorrecto, sino que deteriora la credibilidad.
Y cuando se hace de forma deliberada, bordea la deshonestidad.
Al alcalde Dío Astacio, quien además es pastor evangélico, vale recordarle que uno de los mandamientos fundamentales es “No calumniaras ni mentiras”.
Apoyarse en o permitir que se difunda una narrativa falsa para ganar capital político también implica faltar a ese principio de integridad y verdad que predica.
En Santo Domingo Este necesitamos una gestion que informe con transparencia, que trabaje en el drenaje pluvial de forma sostenida (independientemente de si llueve poco o mucho) y que no intente convertir la desgracia de otros en propaganda propia.
La verdad no necesita ser maquillada.
En esta vaguada, las zonas que más llovieron sufrieron más, Punto.
Quien intente torcer esa realidad solo demuestra que prefiere el relato cómodo a los hechos.
Con mentiras no se construye una mejor ciudad.
Con datos y trabajo honesto, sí.

