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sábado, agosto 15, 2026

El entusiasmo suicida del PLD por Gonzalo Castillo

Por Jacobo Colón.

El PLD es un partido que se niega a aprender de sus errores.

El anuncio de que Gonzalo Castillo forma parte de los aspirantes presidenciales del PLD para 2028 ha desatado un entusiasmo irracional en ciertos sectores del partido morado.

Ese júbilo no solo carece de lógica política, sino que revela una peligrosa ceguera colectiva; el PLD parece decidido a apostar de nuevo por un precandidato que no convence con ideas, que arrastra graves señalamientos de corrupción y cuya “solidaridad” se demostró como una mera fachada pagada con recursos públicos.

Gonzalo Castillo nunca ha sido un líder capaz de persuadir mediante la palabra.

Sus intervenciones públicas son confusas, sin estructura lógica y carentes de coherencia.

En una era donde la comunicación clara y la capacidad de articular un proyecto de nación son indispensables, esta deficiencia no es un simple defecto sino una incapacidad estructural para ejercer liderazgo presidencial.

Un candidato que no logra hilvanar ideas con orden ni generar entusiasmo genuino con discursos sólidos difícilmente podrá movilizar a la ciudadanía.

Peor aún es el engaño de la solidaridad que vendió en 2020.

Durante la campaña, Castillo se presentó como un filántropo incansable; organizaba vuelos de repatriación, repartía mascarillas, arroz y hasta gas licuado como si salieran de su propio bolsillo.

Esa imagen se derrumbó apenas perdió el poder.

Desde 2020, esa supuesta generosidad desapareció por completo, no hubo más iniciativas similares.

El propio ex presidente Danilo Medina lo reconoció en una reunión interna del PLD, “la campaña de Gonzalo fue la más cara de todos los tiempos”. Esa frase lapidaria lo dice todo; la solidaridad no era personal, era con el dinero del pueblo.

Cuando el flujo de recursos públicos se cortó, la pose humanitaria se evaporó, fue puro marketing electoral, no compromiso real con la gente.

Hoy, el problema es aún más grave, Gonzalo Castillo está extremadamente vinculado al caso Calamar, uno de los mayores escándalos de corrupción de los últimos años.

El Ministerio Público lo acusa de formar parte de una estructura que habría desfalcado al Estado por miles de millones de pesos mediante pagos irregulares por expropiaciones y otras maniobras fraudulentas.

Aunque las medidas de coerción han variado, el proceso sigue su curso; en marzo de 2026 la fase preliminar concluyó y el tribunal decidirá en mayo si envía a juicio de fondo a Castillo y a otros exministros.

Un precandidato que debe invertir tiempo, recursos y energía en defenderse de cargos tan serios como asociación de malhechores, desfalco, coalición de funcionarios, no proyecta solvencia moral ni estabilidad.

¿Cómo puede alguien bajo semejante proceso judicial aspirar a dirigir un país que exige transparencia y ejemplo?

¿Realmente no hay en el PLD candidatos limpios, con capacidad comunicativa, trayectoria ética impecable y sin procesos judiciales pendientes? claro que hay.

Mientras el PLD insista en reciclar figuras pesadamente cuestionadas por corrupción y falta de liderazgo, seguirá alejado de la mayoría de los dominicanos que, tras los escándalos del pasado, exigen probidad, ideas claras y un proyecto serio de país.

El entusiasmo por Gonzalo Castillo no fortalece al partido; lo hunde más en la percepción de que no aprendió nada de la derrota de 2020.

Es un entusiasmo suicida que prioriza lealtades personales y cálculos internos sobre el interés nacional.

Mientras el PLD siga viendo en Gonzalo Castillo una tabla de salvación, enviará un mensaje devastador y es que el pasado oscuro y los vicios de siempre pesan más que la necesidad de un futuro limpio.

Muchas peresonas desean la candidatura de Gonzalo Castillo, unos por que creen en él, la gran mayoria estan motivados por ver de nuevo «Las Gonzaladas» y lo nuevo que traerá este candidato atipico.

 

 

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