Por Jacobo Colón.
La gravedad de un hecho ya no se mide por la sangre derramada, sino por los likes recibidos.
El caso del coronel Fausto Madé Ramírez, quien fue grabado jalando por los cabellos a una joven de 19 años y lanzándola al suelo, causándole lesiones curables en menos de 10 días ha generado una tormenta mediática y en redes sociales sin precedentes.
Prisión preventiva de tres meses en el Centro de Operaciones Especiales.
Made fue tendencia en X, Instagram y Facebook. Comunicadores indignados, feministas movilizadas.
Justicia rápida y ejemplar.
Mientras tanto, el asesinato a sangre fría de cinco jóvenes en Santiago de los Caballeros, incluido un peluquero inocente como José Vladimir Valerio Estévez a manos de policías, provocó mucho menos impacto que “El Jalón de cabellos de Made”
A siete de los uniformados involucrados les otorgaron fianza y regresaron a sus hogares. El escándalo duró poco. Los comentarios en redes, escasos. La cobertura, mínima en comparación con “El caso Made”
La periodista Rosa Encarnación se indignó cuando Made recibió prisión preventiva en Operaciones Especiales, pero no hizo lo propio cuando a 7 miembros de la PN fueron enviados a su casa y hoy transitan en nuestras calles.
¿Por qué? Porque un video viral de una mujer agredida activa el algoritmo de la indignación selectiva.
Una ejecución masiva, aunque sea de presuntos delincuentes o no, no genera la misma y reproducción si no encaja en la narrativa del momento.
¡El problema no es solo de las redes!
Los jueces parecen leer el termómetro digital antes de dictar medidas de coerción. Prisión preventiva para el coronel por maltrato, gravísimo, sí, y condenable.
Fianza para policías acusados de quitarle la vida a cinco personas. No hay proporcionalidad. Uno es “el monstruo del día”; los otros, casi “ángeles caídos en cumplimiento del deber” mientras la sociedad mira hacia otro lado.
Esto revela una doble moral peligrosa.
La violencia de género merece toda la repulsa, pero no puede opacar la pérdida irreparable de vidas humanas. Matar a cinco jóvenes, inocentes o no es espeluznante, horrible, gravísimo.
Quitar la vida bajo uniforme no es menos grave que una agresión filmada.
La sangre no tiene filtro de likes.
Las redes sociales han democratizado la denuncia, pero también han trivializado la justicia, lo que no se viraliza, casi no existe.
Los comunicadores corren detrás de las tendencias, no de la verdad proporcional.
Y los jueces, en vez de aplicar el Código Procesal Penal con frialdad y equidad, terminan influidos por el ruido digital.
El Ministerio Publico y la Policía Nacional se inquietan, se ponen nerviosos y en la mayoría de los casos, por complacer el sentir de las redes sociales, pierden totalmente la objetividad.
Urge recuperar el sentido de la proporcionalidad, la indignación debe ser proporcional a la sangre derramada y la justicia no puede condenar o descargar segun los designios de las redes sociales.
Que la sangre derramada pese menos que los views es muy peligroso.
Que un asesinato no sea minimizado porque las víctimas no encajan en el relato trending.
Que una agresión no eclipse cinco muertes solo porque tuvo mejor producción audiovisual.
Mientras sigamos midiendo la gravedad por el número de vistas y reproducciones en redes sociales, en vez de por la magnitud del daño, la justicia dominicana seguirá siendo un espectáculo de redes.
No existe ni existira igualdad entre ambos hechos, si el caso de Made es grave, el asesinato de 5 personas, es muy grave, gravisimo, espeluznante, horrible, pero para las redes sociales, Made lo hizo peor.
Y como siempre, algunos diran que estamos justificando lo que hizo el coronel Made y no es asi, lo que hizo merece el repudio de todos, solo queremos poner las cosas en contexto, en su justo lugar.
Una persona conocedora del derecho expresó «Es una pena que los descabezados, con un paquetico de internet, guien las decisiones de los que presuntamente tienen cabeza»

