Por Jacobo Colon.
La absolución reciente de los imputados en el caso Odebrecht, confirmada por el Tribunal Constitucional en febrero de 2026, ha puesto nombre y apellidos a una figura central en el fracaso judicial de varios expedientes de alto perfil durante la gestión Danilista, Jean Alain Rodríguez, exprocurador general de la República.
Este fallo, que ratificó la decisión de la Suprema Corte de Justicia de 2024 y dejó sin culpables a figuras como Víctor Díaz Rúa, Ángel Rondón y Conrado Pittaluga, no es un hecho aislado. Forma parte de un patrón que incluye el también fallido caso de la venta irregular de terrenos en Los Tres Brazos, instrumentado bajo la misma administración de Jean Alain Rodríguez.
Ambos procesos comparten un origen común; la Procuraduría General de la Republica dirigida por Rodríguez entre 2016 y 2020.
En Odebrecht, la acusación incluyó a personas vinculadas al gobierno anterior como Temístocles Montas, (Temo), Radhames Segura, Tommy Galán y opositores como Andrés Bautista, Alfredo Pacheco, Juan Roberto Rodríguez y Chu Vásquez, lo que muchos interpretaron como un ejercicio selectivo para proteger aliados del expresidente Danilo Medina mientras se desacredita a la oposición y se genera ruido mediático con ruedas de prensa.
El resultado de esta práctica corrupta son las absoluciones masivas por falta de pruebas, ausencia de identificación clara de sobornados y debilidades en la cadena probatoria.
De manera similar, el caso Los Tres Brazos, donde se denunció la venta irregular de millones de metros cuadrados a precios irrisorios, surgió en 2018 bajo la gestión del inefable Jean Alain Rodríguez como un supuesto golpe contra la corrupción del pasado.
Sin embargo, terminó en absoluciones o en procesos estancados, con críticas por montajes y falta de solidez.
El caso Los 3 Brazos fue una maniobra para desviar la atención de escándalos del gobierno Danilista, una titulación que favorecía a sectores populares fue usada como espectáculo del momento mientras Jean Alain tapaba otros temas de corrupción.
Si algo se le debe criticar a la gestión de la magistrada Mirian German Brito, es no haber retirado esos expedientes de la justicia un día después de ser juramentada como procuradora.
Jean Alain Rodríguez apostó por estos casos para construir una imagen de fiscal implacable con la corrupcion y a costa de la inocencia de muchos ganar popularidad.
A Jean Alain Rodriguez solo se le puede comparar con el jefe del Servicio Militar Trujillista famoso por las torturas a los opositores de la dictadura llamado Johnny Abbes Garcia, un personaje siniestro de nuestra historia.
Pretendió posicionarse como el rostro de la lucha anticorrupción, pero el tiempo le jugó en contra.
Hoy, lejos de ser un héroe, es uno de los personajes más rechazados por la opinión pública dominicana. Su propia situación judicial, enfrentando el caso Medusa por presunto desfalco de miles de millones de pesos, refuerza la percepción de que su gestión priorizó el espectáculo y la lealtad política sobre la rigurosidad jurídica.
Lamentablemente, es improbable que enfrente consecuencias penales directas por la fabricación o manipulación de expedientes, por implantar pruebas débiles o por vulnerar derechos fundamentales durante su paso por la Procuraduría.
El sistema judicial dominicano rara vez castiga con severidad estos excesos institucionales. Sin embargo, la sociedad ya ha emitido su veredicto; un desprecio profundo y sostenido hacia quien, en nombre de la justicia, contribuyó a la impunidad selectiva y al descrédito de la persecución penal.
La absolución en Odebrecht no absuelve al sistema ni borra la memoria colectiva.
Simplemente confirma que, en República Dominicana, algunos casos se arman más para fines políticos que para lograr condenas reales.
Y en el centro de esa maquinaria fallida está, con nombre y apellido, Jean Alain Rodríguez.
La historia, y la calle, ya lo han juzgado.

