El reciente nombramiento de Magín Díaz como Ministro de Hacienda ha desatado una ola de críticas y cuestionamientos dentro de las bases del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Este movimiento, lejos de ser un simple murmullo, refleja un malestar creciente que podría marcar un punto de inflexión en la dinámica interna del partido gobernante.
Las interrogantes que surgen son legítimas y tienen Justificación.
¿No cuenta el PRM con dirigentes capacitados para asumir un cargo de tal envergadura?
¿Es necesario recurrir a figuras externas para liderar una cartera tan crucial como Hacienda?
¿Está el PRM traicionando los principios que lo llevaron al poder al querer replicar las prácticas que tanto criticó en la oposición?
El descontento de las bases no es un fenómeno aislado ni una reacción impulsiva.
Es el resultado de una acumulación de expectativas no cumplidas, de promesas de cambio que, para muchos, se diluyen en decisiones que parecen priorizar el pragmatismo político sobre la lealtad a la base de este partido.
La designación de una figura externa como Díaz, aunque pueda estar respaldada por su experiencia técnica, envía un mensaje que hiere la sensibilidad de los militantes.
¿Acaso el PRM no confía en su propia cantera de líderes?
La pregunta no es superficial porque un partido que no fortalece a sus cuadros internos corre el riesgo de alienar a sus bases, que son el motor de cualquier organización política.
A medida que se acerca el 2028, el horizonte electoral comienza a perfilarse, y con él, las tensiones internas se agudizan.
Los “compañeritos”, como se les llama coloquialmente a los militantes de base, empiezan a perder la paciencia.
La esperanza que los unió en torno al proyecto del PRM podría desvanecerse si no se atienden sus demandas de inclusión y reconocimiento.
Las señales de rebeldía ya son visibles, y el murmullo de las quejas públicas podría transformarse en un éxodo hacia otras fuerzas políticas, como la Fuerza del Pueblo (FP) o el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Este escenario, que hoy parece lejano, podría convertirse en una realidad si el partido no corrige el rumbo.
La política económica es otro punto de fricción.
Durante su tiempo en la oposición, el PRM fue un crítico feroz de las políticas económicas del gobierno anterior.
Sin embargo, la percepción de que el nombramiento de Díaz podría significar una continuidad de esas mismas políticas ha encendido las alarmas.
Los militantes se preguntan si el cambio prometido era solo un eslogan de campaña o si realmente hay un compromiso con transformar el modelo económico en favor de las mayorías.
La respuesta a esta pregunta definirá no solo el futuro del PRM, sino también su credibilidad ante el pueblo dominicano.
El PRM enfrenta un momento crucial. La lealtad de sus bases no es incondicional y el tiempo para consolidar la confianza interna se agota.
Algunos miembros de este partido han llegado a manifestar que el presidente Luis Abinader gobierna con sus amigos y para sus amigos, no con el PRM.
Escuchar a los militantes, valorar sus capacidades y alinear las decisiones con los valores que el partido dice defender son pasos imprescindibles para evitar una crisis mayor.
De lo contrario, el 2028 podría no ser el escenario de una reelección triunfal, sino el comienzo de un declive que hoy, en las quejas de las bases, ya se vislumbra.
El PRM debe mirar hacia dentro, fortalezca su cercanía y solidaridad con los de abajo, esos que los llevaron al poder.
El reloj está corriendo, y la paciencia, como bien advierten las bases, tiene un límite.

