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domingo, agosto 16, 2026

El abandono de Merido Torres por el PRM: cuando el poder traiciona a los honestos.

Por Jacobo Colón.

Pocos males resultan tan corrosivos como la falta de solidaridad partidaria.

Un partido que no defiende a sus dirigentes honestos cuando son víctimas de calumnias y campañas de descrédito no solo traiciona a sus militantes, sino que se traiciona a sí mismo.

Este es el caso del Partido Revolucionario Moderno (PRM), una organización que, en más de una ocasión, ha preferido el silencio cómplice o el distanciamiento calculado antes que salir en defensa de hombres íntegros que siempre han dado la cara.

El ejemplo más reciente y doloroso es el del doctor Merido Torres, un militante que fungió como abogado en un caso y terminó envuelto en una campaña de descrédito, que lamentablemente no provenía de la oposición, sino de intereses internos del propio partido.

Pero la cúpula del PRM en lugar de investigar, buscar la verdad y luego defenderlo, optó por darle la espalda, dejarlo a su suerte, truncar sus aspiraciones futuras y abandonarlo solo ante la adversidad.

Esto habla de una cultura política enfermiza.

Un partido que defiende a sus miembros cuando son atacados injustamente no solo protege individuos, sino que protege su propia credibilidad.

Al defender a Merido Torres, el PRM habría podido, una vez probada su inocencia, exhibirlo como ejemplo de honestidad y resiliencia.

En cambio, eligió el camino del “sálvese quien pueda”, dejando que las especulaciones y las malas intenciones de algunos “compañeros” mancharan la imagen de un hombre decente y, de paso, la del propio partido.

Peor aún es la doble moral que se evidencia en estos episodios.

Mientras dirigentes íntegros son sacrificados en el altar de la conveniencia, el partido se hace de la vista gorda ante aquellos que sí representan problemas reales de corrupción o conducta indebida, ejemplos hay de sobra.

Esa selectividad no solo es injusta; es suicida.

Porque un partido que abandona a los buenos y tolera a los corruptos termina perdiendo autoridad moral ante la ciudadanía.

¿Cómo puede pedirle lealtad a su militancia si no está dispuesto a ofrecerla cuando más se necesita?

El poder obnubila la mente.

Emborracha a la dirigencia y la lleva a priorizar el cálculo electoral, las alianzas internas y la preservación de cuotas de poder por encima de los principios y de las personas.

El resultado es predecible; militantes honestos terminan pagando un precio altísimo, pérdida de cargos, desprestigio público, frustración, mientras el partido se debilita desde adentro.

Porque un partido no se construye solo con votos y estructuras; se construye con hombres y mujeres que crean en él.

Y cuando esos hombres y mujeres sienten que el partido no cree en ellos, la deserción moral es inevitable.

Los partidos que aspiran a gobernar con credibilidad deben entender que defender a los suyos cuando son víctimas de injusticias no es debilidad, sino fortaleza.

Es la única forma de construir una militancia convencida y no solo clientelar.

Ojalá la dirigencia del PRM reflexione sobre el caso de Merido Torres. Abandonarlo no solo fue un error político; fue una traición a los valores que supuestamente defienden.

Un partido que no protege a sus mejores cuadros no merece que sus miembros actúen con fidelidad al mismo.

El PRM debe decidir qué tipo de organización quiere ser; un proyecto de poder a cualquier precio o un movimiento político con principios, lealtad y coherencia.

Merido Torres, el amigo de todos, abogado honesto a carta cabal, político desprendido y fiel a su partido, merecía mas del PRM.

Porque si eso se lo hicieron a Merido Torres, ¿Qué no les harán a los compañeritos de la base?

 

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