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sábado, agosto 15, 2026

La lección que nos deja el exdiputado Carlos de Jesús.


Por Jacobo Colon.

La decencia política no debe tener colores partidarios.

 En momentos de profunda convulsión regional, como la reciente captura y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos para enfrentar cargos por narcoterrorismo y tráfico de drogas, la política dominicana ha sido testigo de un gesto loable que trasciende las simpatías partidarias.

El exdiputado Carlos de Jesús, un dirigente destacado del Partido Revolucionario Moderno (PRM), ha alzado su voz para condenar la campaña sucia que circula en redes sociales intentando vincular al expresidente Leonel Fernández con el régimen venezolano.

Esta postura de un miembro del partido gobernante, merece ser destacada porque pone de manifiesto un principio fundamental; la decencia política no debe tener colores partidarios.

De Jesús califica estas acciones como «actividad política baja y rastrera», recordándonos que este tipo de tácticas no solo manchan la imagen de quien las promueve, sino que muchas veces se revierten en contra de sus autores, generando rechazo en una ciudadanía cada vez más cansada de las actitudes rastreras de muchos políticos.

El exlegislador argumenta con solidez que pretender involucrar a Fernández «carece de base».

Leonel Fernández gobernó la República Dominicana en tres períodos (1996-2000, 2004-2008 y 2008-2012), manteniendo siempre relaciones institucionales alineadas con los intereses de Estados Unidos.

Durante sus mandatos, el país fortaleció lazos diplomáticos y comerciales con Washington, firmando acuerdos clave como el DR-CAFTA y manteniendo una postura coherente en materia geopolítica que priorizaba la estabilidad y la cooperación con el aliado norteamericano.

No existe evidencia creíble que relacione a Fernández con el régimen de Maduro.

Lo más valioso de la intervención de Carlos de Jesús es su reconocimiento explícito a la operación liderada por el gobierno de Donald Trump, que culminó con la extracción de Maduro y su esposa Cilia Flores de Caracas.

El exdiputado la califica como «una acción firme que refuerza el liderazgo de Washington en la región», un gesto que demuestra que, más allá de diferencias ideológicas, es posible coincidir en la defensa de valores como la justicia y el combate al narcotráfico transnacional.

En un país donde la política a menudo se reduce a trincheras irreconciliables, la voz de Carlos De Jesús nos recuerda que es posible disentir con elegancia y rechazar la difamación sin renunciar a los principios.

Ojalá que este ejemplo se multiplique entre los dirigentes de todos los partidos.

La República Dominicana necesita un debate público elevado, basado en hechos y propuestas, no en rumores infundados ni campañas negras que solo envenenan el ambiente democrático.

Al final del día, como bien señala el exdiputado, estas tácticas rastreras terminan perjudicando a quienes las impulsan.

La ciudadanía dominicana, cada vez más informada y exigente, sabrá discernir entre la verdad y la manipulación.

Y en ese discernimiento radica la madurez de nuestra democracia.

 

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