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sábado, agosto 15, 2026

Danilo Medina ¿Ignorante o Cómplice?

Por Jacobo Colon.

La reciente condena de Alexis Medina Sánchez, hermano del expresidente Danilo Medina, a siete años de prisión y el decomiso de miles de millones de pesos sustraídos al Estado dominicano, ha vuelto a poner bajo el escrutinio público una pregunta que resuena con fuerza.

¿Cómo es posible que el jefe de Estado, rodeado de un círculo íntimo señalado por actos de corrupción a gran escala, no haya sido procesado?

La respuesta a esta interrogante no es sencilla, pero el análisis de los hechos apunta a un dilema inevitable, o Danilo Medina fue un presidente ignorante de las fechorías de sus allegados, o fue, en el mejor de los casos, cómplice silencioso de un entramado corrupto que saqueó las arcas del país.

El caso de Alexis Medina es solo un ejemplo; El cuñado de Danilo, Jean Alain Rodríguez, exprocurador general de la República, enfrenta un juicio de fondo tras 18 meses en prisión preventiva, acusado de malversación de fondos públicos.

A esto se suma la devolución de 3,000 millones de pesos por parte de otro cuñado mediante la aceptación y confesión de culpabilidad, acuerdo este muy criticado por la población dominicana y que hace quedar mal parado al Ministerio Público.

Y no podemos olvidar a los compadres y compañeros cercanos de Medina, figuras como José Ramón Peralta, Donald Guerrero y Gonzalo Castillo, todos procesados por presuntos actos de corrupción.

Estos nombres no son casuales, todos fueron elevados al Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) bajo el liderazgo de Danilo Medina.

¿Coincidencia?

Adán Cáceres, su amigo, protegido y jefe de seguridad también acusado de haber malversado miles de millones de pesos junto a otros ex generales del entorno cercano a Medina.

Las evidencias sugieren que Danilo Medina no solo estaba al tanto de las actividades de su entorno, sino que, en muchos casos, las toleró.

Funcionarios que denunciaron la presencia indebida de Alexis Medina en sus instituciones no solo fueron ignorados, sino que, en un giro revelador, terminaron siendo destituidos.

Este patrón de comportamiento apunta a un sistema donde las quejas eran silenciadas y los denunciantes castigados, mientras los allegados al poder operaban con impunidad.

Si Danilo resolvía algo, no era el problema de la corrupción, sino la incomodidad que representaban quienes se atrevían a señalarla.

Supongamos, por un momento, el escenario más improbable; que Danilo Medina, durante sus ocho años como presidente, no se enteró de las maniobras de su hermano, su cuñado, sus compadres y sus aliados más cercanos.

Si esto fuera cierto, estaríamos ante el presidente más despistado de la historia dominicana, un líder ciego, sordo y desconectado de la realidad que dirigía el país.

Pero Danilo Medina no es ningún ingenuo.

Su trayectoria política, marcada por una astucia que lo llevó a la cima del poder, desmiente cualquier narrativa de ignorancia.

Un hombre de su calibre no podía desconocer lo que ocurría bajo su propia nariz, en un entorno donde su influencia era absoluta.

Entonces, ¿ignorante o cómplice?  La respuesta parece inclinarse hacia lo segundo.

La protección implícita a su círculo cercano, cancelar a los denunciantes y la falta de acciones concretas para frenar el saqueo del erario público sugieren, como mínimo, una tolerancia cómplice.

La justicia dominicana, que ha avanzado en procesar a figuras claves del entorno de Medina, aún tiene un desafío pendiente: determinar hasta dónde llega la responsabilidad del expresidente.

Porque si todos los caminos de la corrupción conducen a su círculo íntimo, es difícil imaginar que el centro de ese círculo permaneciera intocado.

Mientras tanto, la sombra de la corrupción seguirá pesando sobre Danilo Medina, un hombre que, lejos de ser ignorante, parece haber jugado un rol que la historia aún debe esclarecer.

¿Ignorante? Improbable.

¿Cómplice? Los hechos hablan por sí mismos.

Tal vez ni ignorante ni cómplice, es el autor principal.

 

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