En un país donde la justicia debería ser ciega, dos casos recientes exponen con crudeza las grietas de un sistema que lejos de igualar, perpetúa las desigualdades.
Dos personas, ambas diagnosticadas con esquizofrenia, cometieron actos atroces, Ana Josefa García Cuello, una madre abnegada según testimonios, que cercenó la cabeza de su hija, su única hija; Jean Andrés Pumarol, un hombre que acabó con la vida de una vecina de 70 años e hirió a mas de 6 personas, entre ellos a su propio padre.
Ambos, deben ser declarados inimputables por su condición mental, de berían ser tratados bajo el mismo lente de la ley.
Sin embargo, sus realidades n o podrían ser más desiguales.
Ella, de piel negra, pelo crespo, de origen humilde, vive en la zona oriental y su apellido es García, lleva 8 meses presa en Najayo Mujeres.
Él, blanco, de pelo liso, vive en naco, rico y su apellido es Pumarol, está siendo evaluado un día después de los hechos y, posiblemente, será remitido a una clínica psiquiátrica.
La diferencia en sus destinos no parece responder a la gravedad de sus actos, sino a factores que la justicia no debería considerar: raza, clase social, apellido.
Ella es hija de la vieja Merced, que según la salsa de Bonny Cepeda es una mujer de orige n humilde, sin conexiones ni recursos para mover los hilos de un sistema que favorece a los privilegiados.
Él, en cambio, según la misma canción es hijo de Madam Inés, un nombre que evoca influencias y acceso a redes de poder.
Mientras ella languidece en una celda, él podría recibir tratamiento en un entorno clínico, una opción que, aunque más adecuada para su condición, nunca se le ofreció a ella.
¿Es esta la justicia que tenemos?
La inimputabilidad, un principio legal que reconoce la incapacidad de una persona para responder penalmente por su estado mental, debería garantizar un trato humano y especializado para ambos.
Sin embargo, la realidad nos muestra que la justicia no es igual para todos.
La pobreza y la marginalidad de García la condenan a un encierro que no cura ni rehabilita, mientras que el estatus de Pumarol parece abrirle las puertas a una atención más digna.
¿Dónde está la equidad?
No se trata de pedir que él sea encarcelado, sino de cuestionar por qué ella lo está.
Ninguno de los dos debería estar en prisión si su condición mental los hace inimputables.
La respuesta no es castigar, sino tratar, rehabilitar, proteger.
Pero en un sistema donde el color de la piel, el apellido y el dinero determinan el rumbo de la justicia, la igualdad es solo un espejismo.
La justicia que tenemos no es ciega, según vemos ha podido observar con claridad el color, el apellido, la clase, el dinero y el poder.
Mientras sigamos aceptando estas diferencias como parte de nuestra realidad, seguiremos perpetuando una sociedad donde los García son olvidados y los Pumarol, privilegiados.
¡Abajo los García! ¡Vivan los Pumarol!
Ellos representan la sociedad que vivimos y el manejo desigual de nuestra justicia.

